
El Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST) publicó la versión final del informe NIST IR 8547, Transition to Post-Quantum Cryptography Standards, que define cómo y cuándo los productos y servicios de TI deberán abandonar los algoritmos de clave pública vulnerables a un futuro computador cuántico.
NIST anunció el informe el 27 de octubre. Sus autores, del equipo de criptografía poscuántica de la División de Seguridad Informática, lo presentan como la hoja de ruta para adoptar los tres estándares poscuánticos que el instituto publicó en agosto de 2024.
El documento identifica qué estándares actuales son vulnerables y a cuáles deben migrar los productos. Para firmas digitales, RSA, ECDSA y EdDSA pasan a estado "deprecado" después de 2030: pueden seguir usándose, pero el dueño de los datos asume el riesgo. Después de 2035 quedan "no permitidos". Lo mismo aplica al intercambio de claves con Diffie-Hellman, MQV y RSA. Esto reemplaza la proyección anterior de NIST, que retiraba los esquemas de 112 bits de seguridad el 1 de enero de 2031.
Para el intercambio de claves, ML-KEM es hoy el único esquema poscuántico aprobado, y NIST recomienda ML-KEM-768 como parámetro por defecto. HQC fue seleccionado como alternativa y su estándar está en desarrollo, al igual que una firma derivada de FALCON.
El informe también respalda la Orden Ejecutiva 14412 y el memorándum OMB M-26-15, que aceleran la migración federal. Los sistemas de alto impacto y activos de alto valor deben usar intercambio de claves poscuántico al 31 de diciembre de 2030 y firmas poscuánticas al 31 de diciembre de 2031. Las agencias también deberán soportar TLS 1.3 a más tardar el 2 de enero de 2030. La meta global de completar la migración federal en 2035 se mantiene.
Dustin Moody, matemático que dirige el proyecto de estandarización, reconoció en el anuncio que no existe una sola estrategia que sirva para todos los casos de uso.
El informe insiste en la amenaza conocida como "cosechar ahora, descifrar después": un atacante puede capturar hoy tráfico o archivos cifrados y guardarlos hasta que la tecnología cuántica le permita leerlos. Si un dato debe seguir siendo confidencial por diez años, y la migración toma varios años, el plazo para empezar ya corre.
NIST recuerda además que pasar de un estándar a su uso masivo en sistemas reales ha tomado históricamente entre 10 y 20 años, y que esta migración es más compleja que las anteriores.
Las firmas digitales no están expuestas a ese riesgo de captura anticipada, pero su transición también es urgente porque involucra a más actores: autoridades certificadoras, fabricantes de hardware, firma de código y de documentos.
Los estándares NIST no obligan legalmente a empresas chilenas, pero en la práctica definen lo que harán los fabricantes de software, nubes, firewalls, VPN, HSM y certificados digitales en todo el mundo. Cuando esos proveedores retiren el soporte para RSA o curvas elípticas, las empresas que no hayan preparado su infraestructura enfrentarán actualizaciones forzadas, equipos sin repuesto y aplicaciones que dejan de conectarse.
El informe identifica dónde están los puntos críticos:
Para organizaciones que custodian datos de larga vida útil, como fichas clínicas, información financiera, propiedad intelectual o datos personales que la Ley 21.719 obligará a proteger, el riesgo no es futuro: lo que se cifra hoy con algoritmos vulnerables podría quedar expuesto mañana. Los respaldos con retención de largo plazo merecen la misma atención.
El informe también advierte que los esquemas híbridos (algoritmo clásico más uno poscuántico) son útiles como transición, pero agregan complejidad y costo, y que los sistemas que no puedan soportar criptografía poscuántica deben identificarse y priorizarse para reemplazo o retiro.