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La resiliencia operativa se ha convertido en un pilar estratégico para las organizaciones modernas. Sin embargo, en la práctica, muchas empresas sobreestiman su capacidad real para continuar operando frente a una interrupción crítica, ya sea por un desastre tecnológico, una falla operativa o un ciberataque.
De acuerdo con el estudio reciente de Disaster Recovery Journal sobre resiliencia organizacional y recuperación ante desastres (BRP / DCP), se advierte que existe una brecha relevante entre la percepción del liderazgo y la capacidad efectiva de recuperación de los procesos de negocio. Esta diferencia no solo es un problema técnico, sino un riesgo directo para la continuidad operacional, los ingresos y la confianza de los clientes.
La resiliencia organizacional es la capacidad de una empresa para anticipar, resistir, recuperarse y adaptarse frente a eventos disruptivos sin comprometer sus procesos críticos. En el ámbito de TI y ciberseguridad, esto se traduce en continuidad del negocio, recuperación ante desastres, protección de datos y ciberresiliencia.
El problema es que muchas organizaciones confunden resiliencia con tener respaldos o planes documentados. La resiliencia real se mide en resultados: qué procesos siguen operando, en cuánto tiempo y bajo qué condiciones, cuando ocurre el peor escenario.
Según el estudio, los responsables de continuidad y recuperación estiman que solo el 59 % de los procesos críticos de negocio cumplen efectivamente con los objetivos de resiliencia definidos por la organización. En términos prácticos, esto significa que dos de cada cinco procesos clave no lograrían recuperarse adecuadamente en un evento mayor.
Desde la experiencia de Provectis, este es uno de los puntos más subestimados por el negocio. La resiliencia no funciona por promedio: basta que un proceso crítico falle para generar un efecto dominó que impacte operaciones, clientes, cumplimiento normativo y reputación.
Una de las principales razones es la falta de pruebas reales y recurrentes. El estudio evidencia que muchas organizaciones prueban sus planes de recuperación solo una vez al año o de manera parcial. En algunos casos, los propios responsables de TI y ciberseguridad no tienen claridad sobre si se han realizado pruebas de recuperación a gran escala.
En continuidad operacional, no probar un plan equivale a no tenerlo. Las pruebas no solo validan tiempos de recuperación; también permiten identificar dependencias críticas, brechas técnicas y fallas de coordinación entre áreas.
Otro hallazgo relevante es la desconexión entre las expectativas del negocio y la realidad técnica. La mayoría de los líderes de negocio espera que los sistemas críticos se recuperen en menos de cuatro horas y que el resto de los sistemas vuelva a operar dentro de un día. Sin embargo, los equipos de TI estiman que una recuperación a gran escala puede tardar, en promedio, más de dos días, incluso sin considerar incidentes de ciberseguridad.
Esta brecha genera decisiones mal informadas, presión innecesaria sobre los equipos técnicos y una falsa sensación de control antes de una crisis.
Cuando el incidente es un ataque de ransomware o una brecha de seguridad, la recuperación se vuelve aún más compleja. A diferencia de un desastre natural, no todas las copias de seguridad son confiables. Antes de restaurar, es necesario identificar datos limpios, contener el incidente y preparar entornos seguros, procesos que siguen siendo altamente manuales en muchas compañías.
Esto explica por qué la recuperación tras un ciberataque suele exceder ampliamente las expectativas del negocio y por qué la ciberresiliencia debe abordarse como un componente estratégico del modelo de continuidad.
Uno de los aprendizajes clave es que la resiliencia no puede tratarse como un proyecto puntual. Modelos como Disaster Recovery as a Service (DRaaS), Data Center Protection (DCP) y servicios gestionados de continuidad permiten evolucionar hacia esquemas más dinámicos, probados y alineados con la operación real del negocio.
En Provectis ayudamos a las organizaciones a transformar la continuidad del negocio en una capacidad viva, con pruebas periódicas, orquestación, monitoreo y gobierno claro, integrando TI y ciberseguridad bajo una misma estrategia.
Si tu organización enfrenta hoy un evento disruptivo,
- ¿Cuántos procesos críticos podrían continuar operando realmente?
- ¿Cuándo fue la última prueba integral de recuperación?
- ¿Están alineadas las expectativas del negocio con la capacidad real de TI y ciberseguridad?
Responder estas preguntas con datos y no con supuestos es el primer paso para construir una resiliencia real y sostenible. En un escenario donde la interrupción es una certeza, la diferencia no está en si ocurrirá, sino en qué tan preparados estamos para continuar. Convierte la resiliencia en una capacidad real del negocio. Solicita una reunión con nuestro equipo comercial y conoce cómo implementar modelos de resiliencia continua mediante servicios gestionados.