
En agosto de 2024, un sistema frontal con ráfagas que nadie esperaba barrió la zona central durante la madrugada. Más de dos mil árboles cayeron sobre la red de distribución de Santiago y al menos 600 mil clientes quedaron sin luz en el país. Lo que vino después fue lo interesante: casi diez días más tarde, la SEC todavía contaba más de 51 mil hogares sin suministro. Detrás de cada número había oficinas con el UPS agotado, routers apagados y equipos trabajando desde el café con enchufe más cercano.
En octubre de 2026, Chile atraviesa un fenómeno de El Niño que, según la NOAA, podría ser de los más intensos de los que existe registro. Y lo que nos convoca: un temporal pone a prueba la infraestructura crítica de la que depende todo lo demás: las redes eléctricas, las telecomunicaciones, el agua potable, los data centers y los sistemas que controlan faenas mineras y plantas industriales.
Cuando uno de esos eslabones cae, el efecto se propaga en cadena: sucursales sin conexión, procesos detenidos, sistemas que se apagan sin cierre ordenado y equipos de TI apagando incendios mientras la seguridad queda en segundo plano. Para cualquier empresa, la pregunta de fondo es una sola: ¿Cuánto tiempo puede seguir operando cuando el entorno deja de funcionar?
El Niño ya está activo y sigue fortaleciéndose. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) proyecta su peak para diciembre de 2026 y una probabilidad cercana al 100% de que se mantenga al menos hasta febrero de 2027. La NOAA estima en 83% la probabilidad de un evento de magnitud histórica entre octubre y diciembre, y la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) anticipa para ese período lluvias sobre lo normal desde el sur de Coquimbo hasta Los Ríos, con efectos que podrían extenderse hasta el otoño de 2027.
Traducción para quien administra infraestructura: más lluvia fuera de temporada en la zona central y centro-sur, con temporales de viento y crecidas. Y un período de exposición que no termina con la primavera, sino que se extiende por buena parte de 2027.
El Disaster Recovery Journal, referente internacional en continuidad de negocio, agrega un matiz clave. Un episodio intenso de El Niño rara vez produce un solo evento aislado: aumenta la probabilidad de que varias amenazas ocurran en la misma temporada y en lugares distintos. Y las pérdidas dependen menos del golpe inicial que de cuánto dura la interrupción y de qué tan difícil es recuperarse, incluido el efecto sobre proveedores, energía y agua. Su conclusión: El Niño debe tratarse como un riesgo de negocio, no solo como un fenómeno meteorológico.
El agua casi nunca toca un servidor, pero si puede hacer es cortar todo lo que lo rodea. El daño viaja en cadena, y el eslabón más débil rara vez está dentro de tu sala de equipos.
El apagón nacional de febrero de 2025 no fue climático, pero mostró la mecánica con claridad. Cuatro horas después del corte, cerca del 10% de la red móvil estaba fuera de servicio. Hacia las 23:00 la cifra llegó al 23%. No es casualidad: la norma vigente exige a las antenas críticas de nivel dos un respaldo mínimo de cuatro horas, y Subtel tramita un decreto para subirlo a seis.
La lección es esta: tu plan de continuidad probablemente asume que el internet móvil funciona cuando falla la fibra. En un corte prolongado, ambos caen.
Cuando falla la energía o la conectividad, la infraestructura no solo se detiene: también queda más vulnerable. Las defensas que funcionan en un día normal dependen de que todo lo demás funcione. En plena emergencia, esa base se debilita justo cuando más se necesita.
El primer efecto es la ceguera. Si el firewall, el SIEM o los sensores pierden energía o enlace, nadie ve lo que pasa en la red. Y si el equipo de TI lleva 48 horas restableciendo servicios, los logs y las alertas dejan de mirarse, aunque sigan llegando.
El segundo efecto son los atajos. Para mantener la operación en pie se toman decisiones rápidas: "habilita ese acceso remoto, después lo cerramos", una contraseña compartida para que el turno de noche pueda entrar, un notebook personal conectado a la red porque el corporativo quedó en la oficina sin luz. Cada atajo es una puerta que alguien olvida cerrar.
El tercer efecto es el desorden en la información. En una emergencia llegan muchos mensajes sobre cortes, compensaciones y ayudas, y es más difícil distinguir los legítimos de los falsos. La agencia de ciberseguridad de EE.UU. (CISA) alerta de forma recurrente sobre correos, sitios y SMS falsos que usan como gancho los eventos climáticos. Un estudio de la Universidad de Houston tras el huracán Harvey encontró que cerca del 6,3% de los encuestados hizo clic en enlaces o abrió adjuntos que normalmente no habría abierto, influidos sobre todo por el aumento en el volumen de correos.
El cuarto efecto es que cualquier falla adicional pega más fuerte. Un modelo de la red eléctrica de Nueva York lo muestra con números: una ola de calor por sí sola no generó cortes de carga, y un incidente cibernético por sí solo dejó sin servicio cerca del 4% de la carga en Long Island. Combinados, la cifra subió a cerca del 13%, unos 600 mil clientes. Un sistema estresado por el clima tiene mucho menos margen para absorber cualquier otro golpe.
En la infraestructura crítica, lo más expuesto suele ser la tecnología operacional (OT), es decir, los sistemas que controlan subestaciones, bombas y correas transportadoras. La investigadora Cybelle Oliveira (DEF CON 33, 2025) advierte que muchos de estos sistemas usan protocolos antiguos sin autenticación, como Modbus, y que por eso han sido blanco de grupos APT en redes eléctricas y plantas de agua.
En Chile, la energía, el agua potable y la minería dependen de este tipo de OT, y varias de estas empresas ya son Operadores de Importancia Vital ante la ANCI. Si quedan expuestas durante un temporal, el impacto alcanza a regiones enteras. Además, la Ley 21.663 no suspende la obligación de reportar incidentes por emergencias climáticas.
El peak de El Niño se espera para diciembre. Esto es lo que conviene tener resuelto antes.
Va a llover y seguiremos presenciando eventos climáticos extremos como tormentas eléctricas o vientos fuertes. La importante es revisar qué tanto podría afectarse tu operación en este contexto.
Haz el ejercicio con tu equipo: imaginen que mañana se corta la luz 72 horas en su sede principal y las antenas del sector caen a las cuatro horas.
Si alguna respuesta empezó con "depende", ese es el punto de partida. Evalúa las brechas de tu defensa y revisemos juntos tu continuidad operacional antes del peak de El Niño.
¿Cuándo será el peak de El Niño 2026 en Chile? La Organización Meteorológica Mundial proyecta el peak para diciembre de 2026, con una probabilidad cercana al 100% de que El Niño se mantenga hasta febrero de 2027. La Dirección Meteorológica de Chile estima que duraría al menos hasta el otoño de 2027.
¿Cómo afecta El Niño a la infraestructura TI de una empresa? Principalmente a través de cortes de energía, caída de antenas móviles, daños en tendido de fibra y filtraciones en salas de servidores. El riesgo mayor son los cortes prolongados que agotan los respaldos eléctricos.
¿Por qué la infraestructura queda más vulnerable durante un temporal? Porque los controles de seguridad dependen de la energía y la conectividad. Sin ellas, el monitoreo se ciega, los equipos toman atajos para mantener la operación y es más difícil distinguir mensajes legítimos de fraudes.
¿Cuántas horas de respaldo eléctrico tienen las antenas móviles en Chile? La norma exige un mínimo de cuatro horas para las antenas críticas de nivel dos. A comienzos de 2025, Subtel tramitaba un decreto para elevarlo a seis horas.
¿La Ley 21.663 exige reportar incidentes aunque haya una emergencia climática? La ley no contempla una excepción por eventos climáticos. Los plazos de reporte a la ANCI siguen corriendo.